Porque algunas personas insisten en reunir gente que la vida ha separado???? Porque ir en contra del desarrollo natural del hombre??? Que les hace pensar que si hubiera tenido ganas de volver a ver a ciertas personas no me hubiera preocupado en conseguir la forma de encontrarme con ellos???
Realmente tengo ganas de reencontrarme con gente que después de tantos años apenas conozco??? Es necesario pasar horas escuchando comentarios acerca de lo buena que podría haber sido mi vida si hubiera seguido sus consejos???
Podre soportar ver las instalaciones de mi colegio, con todas las comodidades y la tecnología que nunca pude utilizar????
Sentiré esas ganas de desahogarme con el rector y esos profesores que me hicieron la vida imposible??? Seguirán vivos esos profesores y el rector??
Estas son algunas de las preguntas que me surgen al leer en mi correo el subject: Reunión de ex egresados.
Todos los años lo mismo, después de pensar que excusa usamos el año anterior para no ir, junto con algún amigo que te quedo de esa época, decidís finalmente concurrir.
Y es ahí en donde todas las preguntas encuentran sus respuestas. Te encontras con tus compañeros que apenas distinguís, te acercas lentamente sin saber si van a reconocerte y lenta, pero indefectiblemente, te metes en una conversación que tiene como única finalidad ver quien la tiene más grande.
Cuando logras apartarte un poco comenzas a mirar la gente a tu alrededor y te vas dando cuenta que algunas cosas nunca cambian.
La más linda sigue siendo la más linda y aunque lo intentaras te rechazaría de la misma forma que lo hizo varios años atrás. El que se las llevaba a todas sigue haciendo lo mismo, pero ahora a escondidas de su mujer. El nerd sigue hablando de cosas que no entiende el resto de la población y termina como siempre mostrándole sus logros al profesor, quien lo mira con la misma cara con la que lo miraba en la clase. Con la misma cara!!! Los grupitos se juntan igual que todos los años a sacarle el cuero a otro grupo de enfrente….etc.
Después viene el discurso, los agradecimientos, la foto y lo más esperado de todo…. El final.
Mientras volves a tu casa pensas que tan mal no la pasaste, pero de todas formas con pasarlo una vez en la vida alcanza. Y es así como otro año más te encontras frente al mismo mail de todos los años.
Tal vez este año sea diferente, después de todo la esperanza es lo último que se pierde… no?
miércoles, 25 de agosto de 2010
lunes, 16 de agosto de 2010
Supermercado
En algunos casos tomar decisiones es mas fácil de lo que uno cree, se trata mas bien de gritar al aire un deseo propio o simplemente comentar una afirmación o negación sobre un tema.
En otro casos las decisiones son un poco mas complejas, hoy hare hincapié en una en particular, una decisión para algunos muy dficil de tomar, para otros no tanto.
Es para mí una decisión que no se toma de un día para el otro, sino que es consecuencia de pequeños actos y situaciones que inevitablemente nos derivan a la toma de la misma.
Estoy hablado de la decisión de ir al supermercado.
Cuando uno se da cuenta que ya no puede estirar más esta decisión??? Aquí algunas situaciones que nos explican el tema.
En medio de la rutina uno comienza a sentir hambre, en su cuerpo siente como el espíritu de Doña petrona se hace presente y un deseo inexplicable de ser la hermana gemela de Doly berreteaga nos abre una puerta al mundo de las recetas… uno quiere cocinar cosas que tal vez nunca comió pero siente la necesidad de explorar este nuevo sentimiento culinario. En los casos más graves se llega a la exploración por medio de la net para adquirir alguna receta perdida, un tesoro de un valor inalcanzable, mayormente en calorías. No importa el tiempo con el que uno cuente ni la dieta que siempre pensamos llevar a cabo, ese día es el día para ser chef.
Lamentablemente todo esto se desvanece cuando nos damos cuenta que solo contamos con leche, harina y aceite.
Con la decepción a cuestas uno decide tomarse un baño, relajarse y tal vez perdamos el apetito en el camino. Y aquí es donde uno más se da cuenta de las carencias.
Al entrar vemos casi con nostalgia un rollo de papel higiénico mostrando su color madera, ese que debería estar cubierto por hojas y hojas de un suave y casi esponjoso papel que ya no está. Tampoco están las servilletas que hemos de usar al acabarse el papel, ni hablar del rollo de cocina que tomamos como tercera y casi desesperada solución, olvidándonos, de aquella suavidad de la que gozábamos tiempo atrás. Finalmente nos contentaremos si al buscar en algún bolsillo encontramos un pañuelito que será rápidamente sacrificado.
Abrimos la ducha, nos metemos disfrutando del tibio masaje y cuando se comienza a buscar el jabón surge otro problema.
Generalmente lo que quedo del jabón es una lámina casi imperceptible la cual deberíamos tomar con cuidados quirúrgicos, se desarma en nuestras manos antes que podamos darnos cuenta. Inevitablemente comenzamos a pensar en donde estarán esos pequeños jaboncitos que alguna vez te robaste del hotel y los guardaste con la intención de hacerte el internacional, el gran anfitrión, y ponerlos en el toilette para alguna visita.
Ni hablar del shampoo y la crema enjuague, en caso de ser hombre tendrás mas suerte y solo te preocuparas por el primero, en caso de ser mujer serán dos los problemas. Miras a tú alrededor y la colección de botellitas no te devuelve la imagen que esperas. Si, están todas vacías y otra pregunta surge en tu mente. Porque no las tire a la mierda?????
Seguramente los sobrecitos que en algún momento compraste en el kiosco estarán junto a esos jaboncitos en algún lugar estratégico que elegiste pensando que sería el primer lugar en el que se te ocurriría buscar en caso de necesitarlos. Lo que uno no piensa es en la situación en la que uno se va a encontrar cuando los necesita. Estoy bajo la ducha, con hambre, no tengo ni para lavarme la cabeza y encima me tengo que poner en detective, para recordar en donde deje las cosas.
Salgo de la ducha totalmente decepcionado, pero una idea viene a mi mente, que olor hay que un desodorante no pueda disimular???
Voy en carrera a buscar el desodorante y obviamente esta vacio. Ya no me sorprendo, me siento en la cama y mientras me visto recuerdo esos buenos tiempos en donde por no ser rata y convertirme en un derrochador arroje al olvido aquel desodorante por otro nuevo, lleno, pesado que ahora no me sirve de nada.
Casi de memoria me dirijo a la puerta y recién en ese momento hago carne la decisión. Ya no queda otra…. Es tiempo de ir al supermercado.
En otro casos las decisiones son un poco mas complejas, hoy hare hincapié en una en particular, una decisión para algunos muy dficil de tomar, para otros no tanto.
Es para mí una decisión que no se toma de un día para el otro, sino que es consecuencia de pequeños actos y situaciones que inevitablemente nos derivan a la toma de la misma.
Estoy hablado de la decisión de ir al supermercado.
Cuando uno se da cuenta que ya no puede estirar más esta decisión??? Aquí algunas situaciones que nos explican el tema.
En medio de la rutina uno comienza a sentir hambre, en su cuerpo siente como el espíritu de Doña petrona se hace presente y un deseo inexplicable de ser la hermana gemela de Doly berreteaga nos abre una puerta al mundo de las recetas… uno quiere cocinar cosas que tal vez nunca comió pero siente la necesidad de explorar este nuevo sentimiento culinario. En los casos más graves se llega a la exploración por medio de la net para adquirir alguna receta perdida, un tesoro de un valor inalcanzable, mayormente en calorías. No importa el tiempo con el que uno cuente ni la dieta que siempre pensamos llevar a cabo, ese día es el día para ser chef.
Lamentablemente todo esto se desvanece cuando nos damos cuenta que solo contamos con leche, harina y aceite.
Con la decepción a cuestas uno decide tomarse un baño, relajarse y tal vez perdamos el apetito en el camino. Y aquí es donde uno más se da cuenta de las carencias.
Al entrar vemos casi con nostalgia un rollo de papel higiénico mostrando su color madera, ese que debería estar cubierto por hojas y hojas de un suave y casi esponjoso papel que ya no está. Tampoco están las servilletas que hemos de usar al acabarse el papel, ni hablar del rollo de cocina que tomamos como tercera y casi desesperada solución, olvidándonos, de aquella suavidad de la que gozábamos tiempo atrás. Finalmente nos contentaremos si al buscar en algún bolsillo encontramos un pañuelito que será rápidamente sacrificado.
Abrimos la ducha, nos metemos disfrutando del tibio masaje y cuando se comienza a buscar el jabón surge otro problema.
Generalmente lo que quedo del jabón es una lámina casi imperceptible la cual deberíamos tomar con cuidados quirúrgicos, se desarma en nuestras manos antes que podamos darnos cuenta. Inevitablemente comenzamos a pensar en donde estarán esos pequeños jaboncitos que alguna vez te robaste del hotel y los guardaste con la intención de hacerte el internacional, el gran anfitrión, y ponerlos en el toilette para alguna visita.
Ni hablar del shampoo y la crema enjuague, en caso de ser hombre tendrás mas suerte y solo te preocuparas por el primero, en caso de ser mujer serán dos los problemas. Miras a tú alrededor y la colección de botellitas no te devuelve la imagen que esperas. Si, están todas vacías y otra pregunta surge en tu mente. Porque no las tire a la mierda?????
Seguramente los sobrecitos que en algún momento compraste en el kiosco estarán junto a esos jaboncitos en algún lugar estratégico que elegiste pensando que sería el primer lugar en el que se te ocurriría buscar en caso de necesitarlos. Lo que uno no piensa es en la situación en la que uno se va a encontrar cuando los necesita. Estoy bajo la ducha, con hambre, no tengo ni para lavarme la cabeza y encima me tengo que poner en detective, para recordar en donde deje las cosas.
Salgo de la ducha totalmente decepcionado, pero una idea viene a mi mente, que olor hay que un desodorante no pueda disimular???
Voy en carrera a buscar el desodorante y obviamente esta vacio. Ya no me sorprendo, me siento en la cama y mientras me visto recuerdo esos buenos tiempos en donde por no ser rata y convertirme en un derrochador arroje al olvido aquel desodorante por otro nuevo, lleno, pesado que ahora no me sirve de nada.
Casi de memoria me dirijo a la puerta y recién en ese momento hago carne la decisión. Ya no queda otra…. Es tiempo de ir al supermercado.
lunes, 9 de agosto de 2010
Aprender idiomas
Cuantas veces uno tuvo la intención de aprender un idioma nuevo, para que tal vez así, las cosas no sonaran tan feas o tan aburridas como siempre????? Algo así como ponerle un toque internacional a las conversaciones rutinarias de todos los días.
Odio el ingles, pero debo admitir que según se dice es el idioma predominante en el mundo, no importa en donde o en qué situación estés, de seguro si lanzas alguna palabra en ingles al aire alguien correrá en tu ayuda.
Por eso entre otras cosas en algún momento de mi vida decidí que aprender ingles era más que necesario y comencé a recorrer el camino.
De entre todas las opciones comencé con la que creí mas adecuada, y me dirigí al puesto de diarios más cercano para hacer la compra del primer fascículo de la enciclopedia del momento que prometía en menos de lo que canta un gallo, y tan simple como cambiar de canal el total dominio del idioma.
Claro está que fue una mentira consensuada, yo sabía, ella lo sabia hasta el señor del puesto de diarios lo sabía, pero en ese momento no tenía otra cosa que hacer, así que decidimos continuar con ella.
En el primer fascículo, que obviamente incluía las tapas de regalo, aprendí a decir: hola, lunes y pijama. Me asombro la variedad de términos, aunque dudaba bastante de su uso práctico, al tiempo me faltaban un par de días de la semana, sabía tomarme un taxi pero no decirle hacia donde me dirigía y no sabía pedir otra cosa que torta y café. Ni hablar de la pronunciación, era un estilo libre, una especie de elije tu propia aventura.
Al ver que no estaba dando los resultados deseados desistí de la literatura y me anote en una academia.
Que mejor que rodearse de gente con los mismos intereses de uno??? Ja!!
Cuando entre al aula y el profesor me hizo una pregunta de la cual recuerdo esperar algunos segundos la traducción que nunca llego, me di cuenta que tal vez no había sido una buena elección.
Como se supone que voy a aprender un idioma rodeado de gente que me habla como si nos conociéramos de toda la vida, con sonidos que no puedo distinguir si son ladridos, quejas o un saludo????? Por señas??? O tal vez cada uno debía llevar su traductor y yo no me entere!!!
Lo único que recuerdo haberme llevado de esa única, pero interminable clase fue: el valor del silencio por sobre todas las cosas, y un análisis exhaustivo de lo que me entere más tarde, llamado punto overlock que tienen las mayoría de las remeras, ese cruce casi mágico de hilos que mantuvo mi total atención durante no menos de 30 minutos.
Luego de meditar un rato y de un mínimo y muy superficial análisis, me di cuenta que tal vez no era tan necesario aprender ingles.
Mejor dedicarse a aprender la lengua de uno antes de lanzarse al mundo, bilingüe no???. Después de todo hay cosas que son universales, y si así no fuera siempre se puede recurrir a algún amigo que nos haga de traductor.
Odio el ingles, pero debo admitir que según se dice es el idioma predominante en el mundo, no importa en donde o en qué situación estés, de seguro si lanzas alguna palabra en ingles al aire alguien correrá en tu ayuda.
Por eso entre otras cosas en algún momento de mi vida decidí que aprender ingles era más que necesario y comencé a recorrer el camino.
De entre todas las opciones comencé con la que creí mas adecuada, y me dirigí al puesto de diarios más cercano para hacer la compra del primer fascículo de la enciclopedia del momento que prometía en menos de lo que canta un gallo, y tan simple como cambiar de canal el total dominio del idioma.
Claro está que fue una mentira consensuada, yo sabía, ella lo sabia hasta el señor del puesto de diarios lo sabía, pero en ese momento no tenía otra cosa que hacer, así que decidimos continuar con ella.
En el primer fascículo, que obviamente incluía las tapas de regalo, aprendí a decir: hola, lunes y pijama. Me asombro la variedad de términos, aunque dudaba bastante de su uso práctico, al tiempo me faltaban un par de días de la semana, sabía tomarme un taxi pero no decirle hacia donde me dirigía y no sabía pedir otra cosa que torta y café. Ni hablar de la pronunciación, era un estilo libre, una especie de elije tu propia aventura.
Al ver que no estaba dando los resultados deseados desistí de la literatura y me anote en una academia.
Que mejor que rodearse de gente con los mismos intereses de uno??? Ja!!
Cuando entre al aula y el profesor me hizo una pregunta de la cual recuerdo esperar algunos segundos la traducción que nunca llego, me di cuenta que tal vez no había sido una buena elección.
Como se supone que voy a aprender un idioma rodeado de gente que me habla como si nos conociéramos de toda la vida, con sonidos que no puedo distinguir si son ladridos, quejas o un saludo????? Por señas??? O tal vez cada uno debía llevar su traductor y yo no me entere!!!
Lo único que recuerdo haberme llevado de esa única, pero interminable clase fue: el valor del silencio por sobre todas las cosas, y un análisis exhaustivo de lo que me entere más tarde, llamado punto overlock que tienen las mayoría de las remeras, ese cruce casi mágico de hilos que mantuvo mi total atención durante no menos de 30 minutos.
Luego de meditar un rato y de un mínimo y muy superficial análisis, me di cuenta que tal vez no era tan necesario aprender ingles.
Mejor dedicarse a aprender la lengua de uno antes de lanzarse al mundo, bilingüe no???. Después de todo hay cosas que son universales, y si así no fuera siempre se puede recurrir a algún amigo que nos haga de traductor.
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